Las experiencias con la luz y el movimiento se relacionan directamente con la idea de alejarme de la obra fija, estable y definitiva. El espectador se encuentra rodeado o delante del desarrollo de una multitud de cambios, acentuándose el soporte uniforme de los elementos y formas, sin distraer la inestabilidad puesta en evidencia. Percibe asi una parte de los cambios lo que que le basta para tomar el sentido total de la experiencia.
En esta época me decía que mi intervención se limitaba a confrontar algunos elementos y una vez establecida una relación, el resultado visual obtenido era consecuencia de ésta. Pensaba que esto debería de ser evidente para el espectador y que éste no tenia por qué buscar motivos emocionales, estéticos u otros que podrían haberme empujado a escoger unos elementos determinados.
En la obra tradicional del artista, todo está fijado por un sistema de signos y de claves que hace falta conocer de antemano para estar en disposición de apreciarlo. Frente a esta situación pensábamos nosotros que la presentación, de cara al espectador, de experiencias con posibilidades múltiples de cambio (cuyas imágenes eran resultado de la puesta en relación de algunos elementos y no el producto de la mano sabia o inspirada del artista), constituía un medio, ciertamente limitado pero eficaz, de comenzar o proseguir la demolición de las nociones tradicionales sobre lo que es el arte, cómo se debe de hacer o cómo se debe de apreciar.
Las primeras experiencias con la luz fueron hechas a finales de 1959. En ellas se utilizaba la luz en cajitas con el fin de reproducir, combinar y multiplicar, por medio de pantallas compuestas por placas de plexiglás en formas prismáticas, cuadrados y círculos utilizando la gama de 14 colores. Como en otras experiencias, no se trataba en este caso de realizar cuadros luminosos. La luz no era sino un medio, como el plexiglás o las formas geométricas, para concretar algunas de mis preocupaciones, sobre todo la de aprehender este potencial de variaciones y manifestarlo en un solo campo visual.
Asi se hicieron numerosas experiencias, derivadas del manejo de los materiales y de la diferenciación de los problemas. Quería igualmente hacer coincidir simultáneamente, por medio de la reflexión de placas en plexiglás a 45°, colocando elementos, móviles o fijos, a cada lado. De este modo las formas reflejadas de cada lado se interpenetraban por su transparencia y parecían estar suspendidas en el espacio. En otras experiencias de la misma serie, se disponían en profundidad las placas de plexiglás de manera que las imágenes laterales, al iluminarse alternativamente, creaban secuencias visuales de ocho situaciones en profundidad. Asimismo se podían someter varios temas a todas estas cajas experimentales, alternándolos y combinándolos en formas diferentes.
Otras experiencias con la luz derivaban de elementos móviles destinados originalmente al interior de las cajas sobre la base de la reflexión de la luz sobre un fondo, a través de plaquitas de plexiglás o metal, una serie de experiencias combinaba el emplazamiento de fuentes de luz, la inclinación de los elementos suspendidos y la forma de los fondos. Esta serie me llevó a realizar, en 1962, un conjunto destinado a una habitación blanca en la oscuridad. El conjunto estaba colocado en medio de la habitación y los elementos suspendidos recibían cuatro rayos de luz que paseaban sus reflejos sobre las paredes, el suelo y el techo según trayectorias horizontales, verticales u oblicuas.
En 1962 realicé otras experiencias utilizando un rayo de luz artificial. Una de ellas consistía en proyectar un rayo de luz sobre un cilindro que reflejaba el rayo, deformándolo, sobre un circulo de madera pintado de blanco que servia de fondo del cilindro. Este rayo era interceptado inmediatamente por los elementos móviles y fraccionado así de formas diversas. El resultado visual sobre el circulo blanco era un juego constante e imprevisible de sombras y de luces cuyos limites se fijaban previamente. Este mismo principio que utilizaba la luz rasante se aplicó en otras experiencias.
En la misma época realicé experimentos para visualizar rayos luminosos en el espacio. Primeramente intenté suspender en pequeñas cajas de plexiglás transparente, partículas por medio de aire a fin de hacer atravesar estas cajas por rayos móviles, pero acabé por utilizar agua en pequeños acuarios. El agua estaba coloreada con anilina fluorescente a fin de hacer perfectamente visibles los rayos luminosos que la atravesaban. Con esta idea concebi entonces una sala para fumadores cuyos muros estarian llenos de pequeños orificios de los cuales brotarían los rayos luminosos en movimiento a fin de que el aire de la sala, rarificado por el humo. visualizase los rayos que lo atravesaban en todas direcciones.
Con el fin de circunscribir al espectador, de colocarlo en el centro de un fenómeno, de rodearlo completamente de una situación visual, algunas experiencias fueron hechas en el primer laberinto realizado por nuestro grupo para la Bienal de París de 1963. En este laberinto, tres de mis proposiciones asociaban la luz a elementos reflectantes, formando tres de los recintos que el espectador tenia que atravesar. Estas experiencias excluían la posibilidad de aprehender el fenómeno de un solo vistazo, como en el caso de los cuadros tradicionales expuestos sobre la pared, o de las esculturas sobre zócalo alrededor de las cuales gira el espectador. Tendían a sumergir a éste en una situación visual, solicitándolo simultáneamente desde todas partes, a fin de que la imagen percibida durante su paso fuere el producto de su tiempo de parado en este espacio. asi como de los movimientos efectuados, de las imágenes producidas sucesivamente, etc.
En este sentido, pero con temas más simples, hice en 1968 otros dos recintos, uno de los cuales estaba cubierto con lineas luminosas paralelas separadas unos 30 cm. unas de otras, en constante vibración, y el otro con paredes curvas sobre las cuales y en toda su longitud se desplazaban luces verticales de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, a intervalos irregulares y a velocidad diferente.
Luz pulsante
Un elemento realizado en 1964 es el origen de otra serie de experimentos. Se trataba de un disco en aluminio pulimentado de 60 cm. de diámetro que giraba a gran velocidad alrededor de un eje ligeramente excéntrico sobre el que se proyectaba un rayo de luz. De ese modo se producían dos fenómenos:
las imágenes eran devueltas por la «placa espejo» en un movimiento acompasado y constante, comprendiendo a la lámpara del proyector que describía un círculo luminoso en el reflejo,
la luz proyectada por la placa, iluminando rápidamente, y de forma alternativa los objetos, producía una vibración continua debida al rápido desplazamiento de la luz y las sombras.
Con la primera fórmula realicé algunas experiencias utilizando varias fuentes de luz que trazaban un dibujo sobre la placa circular cuando ésta giraba a gran velocidad.
En la segunda fórmula, una serie de combinaciones con la luz que se volvía fija y fraccionada por un circulo o un cilindro con agujeros girando rápidamente delante o alrededor de él (principio de la luz pulsante) iluminaba elementos blancos que el espectador ponía en movimiento. Si el cilindro que giraba rápidamente alrededor de la luz estaba fraccionado en dos colores (verde y violeta) los elementos que iluminaba puestos en movimiento por el espectador y agitándose rápidamente, descomponían la luz haciendo aparecer los mismos elementos verdes y rojos. En 1966 hubo una exposición con un conjunto de estas experiencias.
Proyecciones
Siguiendo el mismo principio acerté, por medio de una lupa, a proyectar la propia lámpara en vibración sobre una pantalla. Otras experiencias con proyecciones sobre pantalla fueron realizadas paralelamente y, entre ellas, la proyección de un rayo luminoso a través de gran número de espejitos cuadrados montados sobre resortes que un motor hada vibrar. El reflejo de la luz sobre cada cuadrito, proyectado en vibración sobre la pantalla, producía círculos que se deformaban a medida que la vibración frenaba, hasta convertirse en un punto luminoso.